Fecha : Mayo - Junio 1998
Agradecimientos especiales : Deporte para Todos - IND, Supermercados Victoria, Gatorade
Mt. McKinley
La montaña más fría del mundo
La majestuosa montaña blanca, un gigante de roca y hielo. Frío trono erguido sobre la desolada tundra de Alaska. Denali, "la más grande", es como la llamaban los antiguos pobladores de esta región, los indios Athabaskans.
Con una altura de 6.194 mts sobre el nivel del mar, es la mayor elevación de Norte América. A este gigante se le abjudica un segundo punto singular, pues en ninguna otra región del planteta existe una elevación mayor a tal latitud. El Denali se ubica a más de 63 grados de latitud norte, a escasos kilómetros del círculo polar ártico.
Su altura y su condición sub-polar le otorgan aún otro superlativo: la montaña más fría del mundo. Durante las oscuras noches de invierno la temperatura desciende bajo los 60 grados centígrados bajo cero. Durante los días árticos de la primavera y verano, el sol ya no se oculta. Sin embargo su fuerza es comparable con una luz de neón. A partir de los 4000 metros de altura la temperatura puede bajar con frecuencia hasta los 40 grados centígrados bajo cero.
El Denali resalta marcadamente sobre sus vecinos, mucho más bajos, por lo cual atrapa un mayor número de tormentas y mal clima.
Para los indios, esta montaña representaba la grandiosidad de la naturaleza y los Dioses. Para los buscadores de oro era una simple montaña más. Para un montañista es una montaña fuera de serie, y una de las pruebas más duras y exigentes a la resistencia, tanto física como mental.
A finales de Mayo de 1998, luego de los trámites necesarios y de un riguroso entrenamiento, nos trasladamos a Anchorage, capital de Alaska. Luego de un par de días donde aprovechamos para hacer las últimas compras de equipos y víveres, nos desplazamos por tierra a la pequeña población de Talkeetna, al norte de Anchorage.
Cuando llegamos, nos informaron que la climatología este año estaba muy alterada debido al fenómeno de "El Niño". Fuertes lluvias en Talkeetna, y tormentas de nieve en la región del Denali.
Talkeetna está ubicada a 100 metros sobre el nivel del mar. Desde esta población, una avioneta monomotor nos trasladaría con todos los equipos y víveres hasta el glaciar de Kahiltna, a unos 2000 metros de altitud. Este glaciar inmenso tiene un desarrollo de 75 Kms. En este punto está ubicado el denominado campo base.
El vuelo de 45 minutos sobre la tundra y las montañas circundantes, ha sido uno de los momentos más emocionantes de la expedición. El experimentado piloto sobrevolaba con maestría, acariciando las afiladas crestas de las montañas hasta que nos adentramos en la región del Denali. Al divisar la pequeña pista en el graciar, se dispuso a bajar los esquíes de la avioneta, y en minutos estábamos posados sobre un desolado y apartado rincón del planeta. La majestuosidad y el silencio eran intimidantes.
En este lugar las numerosas expediciones pernoctan la primera noche, para así familiarizarse con el ambiente. Nosotros decidimos emprender la marcha sin demora. Para nosotros esta montaña representaba muchas cosas nuevas. Por tener casi 70 Kg de equipos y víveres por persona, es necesario utilizar un trineo de arrastre. Es una plataforma tipo bandeja, de plástico, que simula un trineo, y sobre la cual se distribuye parte del peso. Así una parte va sobre las espaldas, en el morral, y la otra se va arrastrando desde la cintura. Otra novedad son las raquetas de nieve, que se utilizan para no hundirse en la nieve.
A
eso de las 8 de la "noche", luego de cargar los
trineos y los morrales con los equipos, víveres
y combustible para más de 20 días, nos encordamos
y emprendemos la marcha por este universo blanco y descomunalmente
grande. Este fue uno de los días más hermosos
de los que tuvimos. Caminamos hasta la 1 AM, cuando pudimos
presenciar un espectáculo sin igual. La luz del
atardecer se fusionó con la del amanecer.
Al instalar el campamento es necesario abrir una plataforma y levantar una muralla con bloques hechos de nieve, para así protegernos contra el viento y las sorpresivas tormentas. Luego de instalar el campamento nos disponíamos a descongelar nieve para beber líquido y comer.
Al día siguiente proseguimos la marcha por el glaciar de Kahiltna, hasta una altura de 2800 mts. Alli nos vimos en la obligación de permanecer dos días sin avanzar, a causa de una tormenta. Durante estos temporales, avanzar es muy penoso y peligroso. El permanecer en el resguardo del campamento es más seguro, sin embargo hay que palear la nieve acumulada por el viendo cada dos horas, para así evitar quedar sepultados.
El cuarto día continuamos avanzando con muy mal tiempo, y nos sorprendimos de la cantidad de montañistas que retornaban debido al mal tiempo y el intenso frío. Sólo una persona de un total de 300 había logrado ascender a la cumbre hasta la fecha. Nosotros decidimos seguir avanzando, a pesar de las nada alentadoras noticias.
A una altura de 3300 mts instalamos nuestro tercer campamento. También en este sitio tuvimos que resguardarnos por dos días a causa de una tormenta. La siguiente etapa era una de las más largas y fuertes, debido a las condiciones del terreno, la pronunciada pendiente, y el cruce del denominado "Windy Corner" o esquina de los vientos, un collado muy desprotegido que en ocasiones impide el paso de los montañistas por el intenso viento.
Nuestro cuarto campamento lo hicimos en una enorme explanada donde encontramos numerosos grupos. Un verdadero pueblo de diminutas carpas protegidas por fortalezas de hielo. Aquí se encuentra un campamento con grupos de rescate y un médico. También dan reportes diarios acerca de las condiciones meteorológicas venideras. Hasta este sitio nos fueron útiles el trineo y las raquetas de nieve. Permanecimos dos días recobrando fuerzas y descansando, y permitiendo al cuerpo adaptarse a los 4200 mts de altitud.
La ruta a partir de ese lugar se torna más técnica y delicada. Tendríamos que superar el denominado "headwall", cuya pendiente alcanza los 55 grados sobre hielo vivo, para luego cruzar por la arista oeste, generalmente azotada por fuertes vientos.
En dos viajes nos instalamos en el campo 5, a 5200 mts, con comida y combustible suficientes para unos siete días. Nos propusimos aguantarlo todo hasta poder contar por lo menos con un día medianamente estable, en el cual hacer un intento a cumbre. Este es el punto más expuesto de una expedición a esta montaña.
Los primeros dos días fueron de tormenta muy intensa. Salir a palear la nieve acumulada y a reforzar las paredes de hielo, nos exigían mucha fuerza y voluntad. El viento nos empujaba, y costaba mantenerse de pie. En cuestión de minutos nos enfriábamos hasta los huesos, pese a nuestro buen equipo. Una costra de hielo se nos formaba casi instantáneamente alrededor de nuestra cara y cuerpo.
Otros dos días de espera dieron finalmente paso al quinto día, el cual no se veía demasiado prometedor, pero al menos sí más calmado. Todos los que estábamos esperando en ese campamento, unos 35 montañistas de diversas nacionalidades, emprendimos el ascenso. Pese a que no había buena visibilidad y el viento aumentaba, avanzamos cada vez más alto. Cruzamos el "Denali Pass", y proseguimos por terreno no muy pendiente. La altura se hacía notar. Tras unas dos horas alcanzamos la base de la arista cimera, la cual es muy afilada y expuesta.
Aproximadamente
a las 2:30 PM alcanzamos la cumbre del Denali. La vista
que suele ser majestuosa desde este privilegiado punto
de la tierra, fue bloqueada por la neblina. Sin embargo
el clima iba mejorando, y ya durante el descenso, se abrió el
manto de nubes y gozamos de unos de los momentos más
reconfortantes de la expedición. La vista sobre
el mar de nubes era absolutamente indescriptible.
Logramos alcanzar nuestro campamento al final de la tarde. El Denali nos permitió llegar a su cumbre. Sin embargo los días siguientes reinó nuevamente el caos, y nos vimos obligados a permanecer otro día más a 5200 mts. Al segundo día el viento y la tormenta no cesaban. Decidimos descender en malas condiciones hasta el campo inferior, extremando las precauciones en la expuesta arista. Tras mucha tensión, entramos al headwall, y ya todo fue más relajado hasta llegar al campamento de 4200 mts. Salimos en el momento justo, pues los que permanecieron en el campamente de altura estuvieron atrapados dos días más, con vientos de hasta 160 Km/hora.
Tras dos días esperando en el campo a 4200 mts, emprendimos el descenso hacia el windy corner. Ese día nos arropó una vez más una gran tormenta en el glaciar Kahiltna, con vientos huracanados. La visibilidad era prácticamente nula, y las banderolas de señalización de ruta estaban sepultadas o arrancadas por los vientos. En ocasiones permanecíamos parados buscando alguna señal para poder continuar la ruta, haciendo una cadeneta desde el último punto conocido, y así no perdernos en ese infierno blanco. También recurrimos a la brújula y el GPS, donde habíamos marcado los puntos de campamento durante la subida, y así, completamente a ciegas, ubicamos nuestro campamento dos, tras 12 horas continuas de penosa marcha. Una vez resguardados en nuestros confortables y calientes sacos de dormir, fuimos recompensados al poder presenciar un majestuoso panorama de luz, colores y sombras, con la luna apareciendo sobre la penumbra colorida de la madrugada.
El día 20 de nuestra permanencia en la montaña, alcanzamos felizmente el campo base. Nos vimos sorprendidos por la cantidad de grupos en espera de ser evacuados en las avionetas. El mal tiempo había imposibilitado los vuelos por los últimos cinco días. Al día siguiente pudimos salir tres de nosotros, un día más tarde otro, y al tercer día los dos restantes.
El Denali es una montaña muy popular, que atrae anualmente unos 1100 montañistas de todo el mundo. Las estadísticas indican que aproximadamente un 50 % de los escaladores alcanzan la cumbre. Sin embargo este año apenas alcanzaba al 27 % para el momento en que alcanzamos la cumbre. Tres personas perdieron la vida en la cresta oeste, y posteriormente se realizó un rescate muy complicado, al ser evacuados tres montañistas con fracturas y severas congelaciones.
De nuestro grupo, Hans Schwarzer realizó en solitario la ruta "Messner", que sale desde el campamento cuatro y culmina cerca de la cumbre. En ese intento no alcanzó la cima, pero al día siguiente se unió al resto del grupo, que venía por la arista oeste (west buttress) y sí alcanzó la cima.
Esta fue la primera, y hasta ahora única ascensión venezolana al techo de norteamérica. Hans había realizado un intento en 1991, participando en una expedición comercial, viéndose obligado a renunciar por el mal clima. Y en 1995 Ramón Blanco, quien escaló el Mt. Everest, tampoco vió coronado su anhelo de alcanzar la cumbre, cuando su expedición comercial se vió rechazada a los seismil metros de altura.


