Shisha Pangma Central

Primera expedición venezolana en la cumbre de un ochomil

Tras el logro obtenido en Alaska, cualquier escalador se hubiera sentido satisfecho. Pero para ese mismo año, el grupo ya se había planteado otra meta aun más atrevida, aún más ardua. La prueba de fuego en la que requeriríamos todos los conocimientos y toda la preparación obtenidas a lo largo de estos últimos 15 años.

El primero de Septiembre de 1.998 partimos de Maiquetía, y tras breves escalas en París y Nueva Delhi, arribamos a Katmandú, capital del Reino de Nepal.

Allí nos encontramos con nuestros asistentes locales (porteadores, cocinero, etc.) y realizamos las últimas diligencias necesarias, antes de partir por tierra hacia la Provincia Autónoma de Tíbet, en la República Popular de China.

El 13 de Septiembre arribamos al campo base del Shishapangma, luego de varios días de transportarnos en autobús, en camión, a pie, y finalmente en una caravana de yaks; sorteando el mal estado de los caminos, los derrumbes y los ríos. Sabíamos que eran las pruebas preliminares que obligatoriamente había que pasar para llegar a ser merecedores de nuestra oportunidad.

Comenzamos con la instalación y aprovisionamiento de los campamentos necesarios. El campamento base, a 5.700 metros de altura, quedó definitivamente instalado el 14 de Septiembre, luego de una celebración religiosa budista por parte de los Sherpas. Respetábamos sus creencias y gustos. No íbamos a imponernos sobre ellos, sino más bien a aprender de ellos. En este campamento teníamos la mayor parte del equipo y varias comodidades, como carpa comedor, carpa cocina, generador eléctrico y carpas para dormir. Había que prepararse para una larga y dura lucha contra los elementos y la falta de oxígeno, que a alturas de 8.000 metros tiene una concentración de sólo 25 % de la que encontramos a nivel del mar. Y la lucha contra nuestros propios miedos. Miedo a que se repitan anteriores fracasos, miedo a no estar a la altura de las circunstancias, miedo al daño físico de posibles congelaciones.

Se instaló un campamento depósito, a 5.900 metros. Este campamento servía de descanso y de depósito de equipos y comida, antes de comenzar la parte más difícil y riesgosa de la escalada.

El campo I (6.400 metros), fue instalado entre el 17 y el 18 de Septiembre. El campamento II (6.950 metros), entre el 20 y el 22 de Septiembre. Y el campamento III (7.450 metros), el 24 de Septiembre. Estos tres campamentos consistían en carpas, provisiones, cocinas, y equipo de escalada (entre otras cosa: cuerdas, chaquetas y pantalones contra el frío). Para instalarlos, se necesitó escalar en hielo y nieve, esquivar y saltar grietas y cargar morrales pesados a alturas de 6.000 y 7.000 metros. Este fue un trabajo realizado conjuntamente por dos Sherpas escaladores, y por los cinco integrantes venezolanos de la expedición.

Durante este proceso había momentos de gran soledad, donde cada uno tenía un trabajo individual que hacer. Llevar unas raciones de alimentos del campamento base hasta el campamento I y volver, significaba un largo y duro día de trabajo, perfectamente definido. En otros momentos trabajábamos en equipo, sabiendo cada uno que había tiempo para guiar y tiempo para ser guiado. A veces las circunstancias exigían que uno de nosotros, tal vez el mas experimentado en la localización de grietas ocultas, fuera de primero guiando a los demás. En otras circunstancias, cuando había que asignar los trabajos de porteo al personal Sherpa, el mejor comunicador tomaba las riendas de la situación.

Luego de realizada la definitiva instalación de estos campamentos, bajamos al campamento base a descansar, y decidimos hacer un intento de ascensión a cumbre el 27 de Septiembre. Planeábamos subir sucesivamente de la base a los campamentos I, II y III, durmiendo una noche en cada uno de ellos, e intentando subir a cumbre de haber las condiciones atmosféricas necesarias. Este intento no tuvo éxito, ya que el 29 de Septiembre, saliendo del campamento II con dirección al III, se presentó una nevada fuerte y continua que no nos permitió la visibilidad necesaria; y que además, había acumulado una gran cantidad de nieve en parte de la ruta de ascensión, aumentando el peligro de avalanchas. Por precaución, reconociéndonos en una situación de gran inferioridad con la montaña, desde los 7200 mts. decidimos bajar de nuevo a la base.

Recordábamos haber leído en el libro El Arte de la Guerra, escrito por el sabio chino Sun-Tzu hace ya 2.500 años: "El arte de la guerra consiste en hacerse inconquistable y aguardar el momento en que el enemigo pueda ser conquistado. Ser inconquistable depende de uno mismo, poder conquistar depende del enemigo". Con toda la preparación de quince años, ya nos hemos convertido en inconquistables. Ahora nos dedicamos a esperar la oportunidad de conquistar. Sin embargo, no vemos a la montaña como el enemigo a conquistar. Son las circunstancias las que vamos a vencer. Como montañistas sabemos que uno no conquista la montaña; sólo y apenas, la sobrevive. Esta es infinitamente más fuerte que el hombre. Y también hemos leído a Rabindranath Tagore, nacido en Bengala en el siglo pasado, premio Nobel de literatura en el año 1.913. El escribió, refiriéndose al espíritu del hombre, que este es: "...grande como la hierba, que bendice al polvo, pequeño como las montañas, bajo las estrellas."

Los siguientes días se presentaron con mal tiempo (nevadas, fuertes vientos), y nos dedicamos a descansar, organizar los equipos de escalada, y esperar nuestra oportunidad.

Esta se nos presenta el 4 de Octubre, cuando amanece completamente despejado. Rápidamente decidimos comenzar otro intento a cumbre. Aunque hubo fuertes vientos, tuvimos buena visibilidad y el frío no fue extremo. Ese día dormimos en el campamento I. El día siguiente se mantuvo la buena visibilidad, y el viento amainó. Esa noche dormimos todos en el campamento II. El 6 de Octubre era el día de alcanzar el campamento más alto. Carlos tuvo que regresar a la base por fuertes problemas estomacales, y Xabier tuvo dificultades en la aclimatación a los 7.000 metros de altura. Esto hizo que se retrasara y decidiera acompañar a Carlos en la bajada. Sin duda alguna fue una decisión difícil de tomar, aunque más difícil hubiera sido la situación si no se hubiera tomado esta decisión. Dar un paso a un lado, renunciar a un sueño de anos fue, en ese momento, algo necesario para darle más oportunidad de éxito al grupo.

La noche en el campo III fue tranquila, aunque la carpa se sacudía a veces por violentas ráfagas de viento. La noche también fue fría, con temperaturas de -25 grados centígrados bajo cero; y corta, ya que nos levantamos a la una de la madrugada para comenzar a derretir nieve, preparar un ligero desayuno, vestirnos con los trajes especiales, y ponernos las pesadas botas de escalada.

Eran las 4:30 de la madrugada del 7 de Octubre. Los escaladores Marco, José Antonio y Marcus, acompañados por los porteadores de altura Pasang Sherpa y Nyima Sherpa, partimos a la cumbre. Aunque de noche, la luna llena nos iluminaba y no tuvimos necesidad de usar las linternas frontales. Poco a poco fuimos ascendiendo hasta superar la altura de todas las montañas circundantes. Sólo el Everest, de 8.848 metros, que se veía a más de 100 Km de distancia, parecía rivalizar en altura. Después de escalar en pendientes de hielo, en nieve blanda y en protuberantes rocas, llegamos, a las once de la mañana al punto culminante de la ruta, la cumbre central del Shishapangma. Oficialmente, 8.027 metros de altura. Según nuestro altímetro 8.030 metros. Allí ondeó orgullosamente la bandera venezolana. Lo de ondear es un decir, ya que si no la manteníamos fuertemente sujeta, iba a terminar volando y posándose en el valle 3 kilómetros mas abajo.

Bajar, recogiendo los campamentos y la basura, fue la labor de los siguientes días. El 11 de Octubre llegamos al sitio donde nos recogen el camión y el vehículo rústico en los que finalmente llegaremos a la frontera China - Nepal. Luego autobús hasta Katmandú, y a esperar nuestros vuelos a Caracas. Con este éxito fortalecíamos y consolidábamos grandemente a Proyecto Cumbre. No solamente logramos buen espacio en la prensa, sino que el diario El Universal calificó a esta expedición como uno de los diez hechos deportivos más resaltantes en el año para Venezuela. Fue importante ese reconocimiento externo. Aunque es el reconocimiento interno el que va a perdurar mientras vivamos. Esta ha sido hasta ahora la cota máxima alcanzada por grupo venezolano alguno, y una de nuestras más grandes satisfacciones. Pero seguiremos caminando, porque sabemos que el camino es la meta.

Fecha : Septiembre - Octubre 1998
Patrocinantes : Solera, Merinvest
Copatrocinantes :
Ginsenosang, Ovejita, Vedemeca
Proveedores :Supermercados Unicasa, Gatorade, Camping Gaz, Air France, Gente C.A, Loby

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